Debajo de las tres capas de leotardos que hacen soportable el frío berlinés, he descubierto algo nuevo en mi cuerpo que antes no estaba allí.
En la parte interior del muslo, justo cuatro dedos por debajo de la entrepierna hay una mancha de tinta donde puede leerse claramente la letra M. Es del sello negro que alguien con poca clase diseñó para marcar a quienes fuimos al Sophienclub de Berlín. No se limpia ni con agua ni con cerveza.
David ha dormido toda la noche con su mano entre mis piernas; la tinta, el sudor y las horas de sueño han dejado marcado, cuanto menos, mi muslo izquierdo.

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