¿Porqué hay un hombre maduro con medio cuerpo fuera de la ventana? Me pregunto mientras miro hacia la casa de en frente.
Le observo mejor y me doy cuenta de que sus dedos humean, es sin duda un fumador repudiado. A su edad, no está acostumbrado a que le digan lo que puede hacer y no tiene tanta experiencia como yo huyendo del rastro a pitillo de urgencia.
¡Mala suerte! El viento hace que la línea clara de humo entre casi por completo en la casa y, alarmado, sale de nuevo sin pensarlo manchándose de tabaco.
Lleva ya unos segundos inquieto pensando una solución de emergencia, y le corre tanta prisa que se le está consumiendo el cigarro.
Se da cuenta de que se le acaba el pitillo en el que lleva un rato eterno pensando y le da una calada abusiva de las que queman el papel tan rápido, que casi cae tabaco no fumado junto a la ceniza. Le sienta fatal, tiene mayor sensación de olor y le entra humo en el ojo.
El pitillo le está ganando la batalla
, pero hablamos de un hombre de medio siglo de clase media – alta que trabaja más horas que el reloj y que quiere fumarse un cigarro con la convicción de que lo merece; porque se levanta antes que nadie y sólo recoge sobres apaisados del buzón.
¡ No se resistirá a abandonar ese placer aunque para ello tenga asomarse a la calle buscando intimidad!, monta toda una estructura anti humo bajando la persiana y cerrando la ventana dejándo estrictamente el hueco por donde cabe el brazo humeante.
Ahora es casi más esperpéntico que la primera escena. Ya no entra el humo en la habitación y para celebrarlo, decide darle una calada triunfal al cigarro. Es entonces cuando se ve nuevamente derrotado porque con ese hueco tan pequeño que había dejado para el brazo, era imposible acceder a la punta de los dedos donde está el pitillo victorioso.
Última calada (malamente), expulsión rápida del humo y lanzamiento de longitud de la colilla. Supongo que había entrado en casa su mujer que sólo consiente respirar tubos de escape y laca. Yo le miraba desde mi propia ventana, buscando como él la intimidad en la calle y huyendo a mi manera del apestoso humo.