Venezia
Tenía miedo de que Venecia fuera una ciudad de cartón piedra, demasiadas imágenes en la mente que sesgan mi visión como otros muchos viajes que he hecho virtualmente con el Google Earth, con los atlas, con reportajes de periodistas a los que envidio insanamente o cada septiembre en los bares de la Almeda…


Más de 100 islas unidas por puentecitos, me gustó saber que no era una sola isla que fue dividiéndose poco a poco por el agua, sino que los vecinos siempre estuvieron separados, cada uno en su propia isla y se iban uniendo construyendo puentes.

La primera noche en Italia cenamos pasta con el mantel de cuadros, gorroneamos una ópera sentados fuera del teatro, cruzamos los 4 km de puente que llevan hasta Venecia en Bici, nos tomamos también algún helado en placitas con monumentos escalonados y música en directo.
Me preocupaba darme cuenta de que no vivía nadie en esos balcones tan ideales, que la puerta que da al canal está desperdiciada sin abrirse como un decorado, pero no fue así; la cotidianidad existe en la pequeña Venecia aunque a veces cueste asimilar realidades tan diferentes a las nuestras.

El barco de la basura, un señor mayor tendiendo su ropa, la vista desde las lonas del mercado, una niña tomándose un gelato…

y entre todas esas pequeñas cosas que me devolvían a una realidad de tamaño bolsillo,
San Marcos y cientos de personas pulsando el disparador a la vez me volvieron a sacar del cuadro…Venecia no parece conocer punto medio
y se alzan palacios de Palladio o cúpulas brillantes a cada pequeña plaza de entre las casitas alargadas que huyen de la humedad de los canales.
Y a pesar del Google Earth que todo lo ve, de Imagenio y su canal Viajar, de la guía de viaje de Prisa y de las narraciones de quienes les quedan pequeños los puentes, yo la sentí construida a mi escala.
